Capítulo 1

I

 El despertador sonó a las siete en punto, haciendo que me levante exaltada de mi cama. Fui hacia el baño a intentar arreglar mi cabello, me coloqué el estúpido uniforme, aunque ignoré las reglas de poner la falda por debajo de las rodillas y de usar el cabello atado en un prolijo moño. Una vez en la cocina, vi a mi padre leyendo el periódico, que le tapaba medio cuerpo, y a mi hermano gemelo, David, comiendo tostadas como una bestia.

 -Buenos días, padre. –saludé y besé su mejilla.

 -Buenos días, princesa. –respondió con una cálida sonrisa.

 -¿Por qué le dices ‘princesa’? Está muy lejos de la realeza. –mi hermano sonrió con picardía.

 -Cállate, inútil. –mi padre hizo un rollo con su diario y le pegó en la cabeza tres veces, a pesar de los quejidos de mi hermano. Al terminar el desayuno, David y yo emprendimos camino al colegio.

 -Es injusto que Jim te trate como una reina y a mí como un cerdo.

 -Soy su única hija mujer, ¿Cómo pretendes que me trate?

 -A Tony no lo trataba tan mal. –al ver mi cara, se retractó. –Lo lamento, es algo inevitable para mí. –El camino siguió en silencio, todo tipo de conversación se perdió por el comentario de David.

 Al llegar a la puerta del colegio, entramos al patio principal donde nos esperaban nuestros amigos, quienes estaban tirados en el césped fumando cigarrillos. El patio estaba lleno de jóvenes saludándose luego de las vacaciones, habia algunos que estaban fumando y otros que comentaban los rumores de este año. David y yo nos sentamos al lado de nuestro grupo de amigos llamando su atención.

 -¡Los Bennet! –exclamó Joseph al vernos.

 -¡Chris! –me tiré arriba de mi mejor amigo, lo extrañé mucho. Él se habia ido a España durante las vacaciones y desde ese momento habia perdido toda comunicación con él. -¿Sabes que existen los teléfonos celulares? –dije irónica; no me habia llamado durante tres meses, él solo rió y besó mi frente. Saludé al resto de mis amigos y nos acostamos en el pasto, usando nuestras mochilas como almohadas.

 -¿Qué vamos hacer hasta que suene la campana? –preguntó David soltando humo por la boca.

 -¿Qué les parece observar a los nuevos y ser prejuiciosos? –dijo Cook, mientras me encendía un cigarrillo. Todos aceptamos, era nuestro pasa tiempo en los recreos. En el colegio habían muchos grupo, los nerds, los raritos, los populares (idiotas según nosotros) los deportistas, los don nadie (no eran conocidos y nadie sabía su nombre) y nosotros. Nuestro grupo no tenia nombre; aunque el año anterior descubrimos que los populares nos llamaban los cigarettes, dado que todos fumamos. Un apodo algo extraño, pero es original.

 -¿Qué hay de ese? Parecer ser un don nadie. –dijo Emma al ver a un muchacho leyendo un libro de ciencia ficción.

 -Por los ganchos de Pokemón, el colgante de Naruto y la camisa con dibujos japoneses…diría que es un rarito. –observó Sam haciendo que todos estallemos a carcajadas.

 -¿Y ese? Parece un deportista o un don nadie. –levanté mi cabeza para ver de quien hablaba Rose. Un muchacho de nuestra edad se encontraba apoyado sobre un árbol con la mirada fija en su celular. Sus rizos caían en su frente, tapando su rostro, ya que miraba hacia abajo, concentrado por el texto que parecía estar mandando. Sorpresivamente, levantó su mirada encontrándose con la mía. Nos miramos fijo a los ojos por unos segundos, hasta que Rose me hizo bajar de esa nube color esmeralda.

 -¡Sky! ¡Sky! ¿Hola? ¿Estás ahí? –Rose sacudió su mano por mis ojos, volví a la realidad aunque una parte de mi seguía pensando en el rostro de ese muchacho, parecía un ángel.

 -Sí, ¿Qué pasa? –noté que todos tenían la mirada en mí. Decidí fingir que habia estado observando a ese joven solo para saber a cual grupo pertenecía. –Ese muchacho es popular, mira su campera de Hollister y sus Vans. Solo le falta el café de Starbucks. –dije mirando alternativamente a mis amigos.

 -Creo que tienes razón. –Linda, mi mejor amiga, me miró con una sonrisa que significaba luego-hablamos-de-lo-que-acaba-de-ocurrir. Ella no se tragó mi intento de disimulación.

 -Sí, puede ser pero tiene una camiseta de Grateful Dead y los populares no escuchan esa música. –observó Thomas, el sabio de la música. Seguimos hablando sobre diferentes personas que veíamos, la mayoría de ellos parecían ser don nadie o raritos. Mientras ellos discutían sobre si una muchacha lucía nerd o rarita, yo busqué con la mirada al chico de rizos, pero no logré encontrarlo.

 Al sonar la campana, todos nos esparcimos hacia nuestros respectivos salones con nuestros cursos. Mi curso era 4rto B, estaba con Chris, quien habia repetido dos años seguidos, y con Rose. Al llegar a nuestro aula, me senté al lado de Chris dejando que Rose se siente sola en otro pupitre detrás de nosotros.

 -¿Qué acaba de pasar allí afuera? –Chris se sentó en el banco y yo en la silla, provocando que deba mover el cuello hacia arriba para verlo a los ojos que ahora me miraban con picardía.

 -Nada. –sabia de que hablaba mi mejor amigo, pero era mejor ignorarlo.

 -Anda, Bennet. Puedes engañar a todo el mundo, menos a mí.

 -No entiendo de lo que hablas. –rodó sus ojos, harto de mi comportamiento. Miró hacia la puerta y su mueca de enojo se transformo en una sonrisa provocadora.

 -Mira quien está ahí. –golpeó mi hombro con su codo mientras señalaba la puerta. Miré. El muchacho. El chico notó que lo estaba observando y me sonrió, intenté devolverle la sonrisa, pero solo logré una mueca horrenda. Oí un chiflido de Chris, lo golpeé en la entrepierna con mi codo. El joven parecía caminar hacia mí, hasta que el llamado de una voz femenina  provocó que su mirada se desviara hacia el pupitre de Rose. Rápidamente, bajé mi mirada a mi pupitre.

 -Rose esta seduciendo a tu chico. –susurró Chris en mi oído enviando un escalofrió por todo mi cuerpo.

 -No es mi chico, idiota. ¿Por qué rayos dices eso?

 -Y encima me preguntas. Por como ese chico te miró parece que ya han tenido sexo o que van a tenerlo próximamente. –golpeé su entrepierna de nuevo. –Deja de golpear a capitán Alegre, es sensible.

 Ya era la hora del almuerzo, estábamos sentados en el césped comiendo y hablando de cualquier estúpido tema que venga a la conversación.

 -¿Y Rose? –preguntó Liz al ver que su amiga no estaba.

 -No lo sé. –respondí al igual que el resto. –Debe estar acostándose con el nuevo. –susurré para mis adentros para que nadie oiga, aunque Linda escuchó y me dio una sonrisa burlona.

 -Hablando de Roma…-dijo Cook, a la vez que Rose llegaba con una risa enorme en su rostro.  Se sentó en frente mío con mucha alegría y comió su ensalada con la misma sonrisa en su rostro. Algo bueno habia pasado.

 -¿Dónde estabas? –cuestionó Liz.

 -En ninguna parte. –respondió  con alegría. Al no querer escuchar a Rose, inicie una charla con Linda, que hablaba de lo aburrida que habia sido las clases sin mí.

 -Rose, te has olvidado esto. –una voz desconocida hizo que mi cuerpo tiemble de arriba abajo. El muchacho. Se encontraba detrás de Rose sostenido por sus largos dedos. Ella se ruborizó y lo tomó entre sus manos.

 -Gracias, Harry. –dijo guiñándole un ojo. El joven, ahora llamado Harry, le sonrió y me miró a los ojos. Pude ver como sus ojos esmeraldas estaban clavados en mis ojos celestes claros. Sentí como los pelos de mi nuca se erizaron. ¿Era posible que una mirada me haga sentir así? No, claro que no. 

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